Censura: ¿Instrumento de control o guardián de la moral y las costumbres?
Mirada a la censura de parte del mundo occidental hacia las series japonesas.
Cuando hablamos de dos culturas tan distintas y lejanas como la oriental y occidental, hablando particularmente de Japón y en mi caso de América no es difícil imaginar los choques de opinión. Lo extraño nos atemoriza pero a la vez nos atrae y aunque nuestra mente debe estar abierta a cualquier información nueva, muchas personas se esconden en su caparazón para no conocer un mundo ajeno al que ellos han visto, o quieren ver.
Centrándonos en el tema manga y animé, a pesar que desde hace más de dos décadas han llegado series desde el lejano Japón la sociedad sigue sin avalar por completo la transmisión de estas. Por supuesto que los argumentos son muchos, ya sea por que atentan contra la no violencia o las buenas costumbres, o tal vez por que son “satánicos”. La verdad es que la mayoría de los detractores sólo observan quizás cinco minutos de un solo capítulo de la serie y es así que se manifiestan en contra de ella sin ni siquiera conocerla a fondo, esto, ¿no es algo parecido al racismo?. Obviamente no en un grado tan enfermizo ni dañino pero igualmente prejuicioso.
Lo anterior se complementa con el hecho de que existen programas producidos en nuestro país y continente que envían mensajes muchas veces peores que el animé a los televidentes, y se transmiten en horas totalmente diurnas a la vista de chicos y grandes, un caso evidente son las telenovelas y los talk shows de los cuales es bien sabido que son un instrumento de control de masas con pésimo nivel cultural y con antivalores que saltan a la vista.
Entonces, ¿por que se censura al animé?, sencillamente por que son “dibujitos” y sobre todo en América latina la sociedad tiene el erróneo e ignorante concepto de que los dibujos animados son exclusivamente para niños cuando en muchos de estos se ofrecen temas entretenidos para todas las edades.
También es cierto que la sociedad japonesa (aunque continuamente tenemos una impresión no tan correcta de ella) es distinta a la nuestra, en donde el morbo hacia escenas sugerentes es mucho menor entre otros distintos puntos de vista. Lo que sí es bien sabido es que a pesar de que muchas series japonesas tienen un grado de violencia, el país nipón tiene índices bajos de violencia en las calles. Esto sin duda nos demuestra que en América latina no sólo tenemos una economía tercermundista, sino que también nuestra forma de pensar está en ese nivel.
Entonces, ¿que pasa con los Estados Unidos? Este país nos ha demostrado en muchas ocasiones que muchas conductas están mal, excepto cuando las hacen ellos. Y es que censuran cualquier escena violenta o sugerente hacia el sexo que venga de japón, pero que nadie toque la animación de la liga de la justicia o shows parecidos en alguna de sus escenas violentas. Y está bien, son series que necesitan cierto grado de escenas de pelea y de otro tipo, pero el punto es que no se mide con el mismo rigor.
Un caso claro y de temas muy parecidos es el de One Piece (manga y animé sobre piratas) y los Piratas del Caribe (producida por la casa Disney). En la versión de Estados Unidos de One Piece se editaron la gran mayoría de armas de fuego, mientras que la pistola del capitán Jack Sparrow (los piratas del Caribe) se vende al por mayor en todas las tiendas de juguetes. Además a pesar de tener escenas de violencia más pesadas que algunos animés, la película es clasificada para todo público, por que, claro como es de los Estados Unidos está bien, aunque claro que hay que tomar en cuenta que una película y una serie de televisión no son iguales.
Quizás exagero en esta comparación, pero es que los Estados Unidos piensan que su cultura se mancharía con cualquier rastro de influencia japonesa y es por eso que en cualquier serie que tienen oportunidad de editar quitan cualquier, por más pequeño que sea, vestigio de la cultura japonesa.
Esto obviamente también es culpa de las distribuidoras japonesas que se olvidan por completo de su producto cuando este sale de su país y no añaden clausulas de respeto a la edición original, tal y como la que anexó Ghibili en el contrato que le cedía los derechos de sus cintas a Disney donde exigía que se mantuviera todo orginal.
En conclusión a nuestra manera de pensar le falta evolucionar y no juzgar sin saber, porque quizás algunas series no sean para público infantil y no deban estar en un horario totalmente diurno, pero existen series que dejan valores y enseñanzas que a cualquiera pueden servir, muchas más de las que dejan las telenovelas, y para eso es necesario insistir en que para criticar algo, hay que conocerlo a fondo y no nada más en su portada. El primer paso creo yo es para muchos aceptar que aún les gustan los “dibujitos” por que existe muchísima gente que los mira pero por vergüenza a la no evolucionada forma de pensar de nuestra sociedad, no lo divulgan.
Aprendamos a ser verdaderos críticos e instemos a que las demás personas lo sean también